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EL HAMPA Y LOS FRIJOLES
Por Rafael
Hacia la medianoche, en una casona de un exclusivo fraccionamiento residencial sesionan una docena de encapuchados. Su pinta es siniestra. Fuertes, altos, atléticos. El pasamontañas sólo deja al descubierto miradas de acero. Frías como el mismo hielo. Visten de negro de pies a cabeza. Sus manos enguantadas revisan con celo las armas de alto poder. Maniobran en torno a una mesa en donde hay pistolas de grueso calibre, metralletas, granadas de fragmentación, cargadores diversos, fornituras, cartuchos útiles y hasta un lanzacohetes.
En silencio fuman sin cesar, provocando una atmósfera nebulosa que contribuye a que el ambiente se torne aún más torvo. Actúan con método. No confían en el azar. Su misión exige la precisión de un cronometro. Sin duda alguna son profesionales de alta escuela al proceder con admirable sangre fría.
En efecto, pertenecen a una célula de narcotraficantes del temido cartel del Golfo, famosa por su larga trayectoria criminal de sanguinario proceder: tras de cada golpe no dejan un testigo vivo.
Revisado el arsenal, proceden a la siguiente fase relacionada con el plan de ataque. De una de las paredes pende una pantalla gigante para proyección tridimensional, en la cual se recrea al detalle la misión a cumplir. Una y otra vez se corre la grabación, hasta que no exista duda sobre el objetivo principal: un tráiler de doble caja.
Hasta entonces rompe el silencio el cabecilla de la banda, Con voz ronca, como salida de las cavernas del averno, interroga:
-¿Todo está a punto?
-Todo, jefe–responden en coro los secuaces.
-Este es el cuarto asalto a la misma empresa y no deseo sorpresas desagradables.
-¿Entendido…?
-¡Entendido, jefe!
-Representa mucho dinero en el mercado negro.
-Lo sabemos, jefe. No fallaremos.
-¿Los vehículos?
-Tres camionetas blindadas, muelles reforzados y cristales polarizados, jefe.
-¿Color?
-Negras, por supuesto, jefe.
-¿Llantas?
-Todo terreno, jefe. Las adquirimos en “Llantas.com.org.mx”
-¿Son de confiar?
-Usted las vende, jefe.
-Cierto, lo había olvidado. Bien, adelante con otro operativo “sorpresa”.
Sin ripostar, los encapuchados salen en orden armados hasta las suelas y abordan las tres camionetas. El convoy a simple vista, inspira temor, desconfianza. A marcha ligera discurren por unidades habitacionales, colonias populares y barrios sórdidos, para digerirse hacia la autopista Siglo XXI.
A pesar del pasamontañas, se puede adivinar un atisbo de resignación en la mirada del jefe, quien, pensativo, divaga por las tortuosas repercusiones que ha provocado la recesión económica mundial. Nostálgico rememora aquellos tiempos en que la venta de marihuana, cocaína y grapas, era un negocio millonario y después derivar a las anfetaminas. ¡Ah, qué tiempos aquellos! ¿Cómo olvidar las guerras entre carteles por la disputa de los mercados a conquistar? Eran a sangre y fuego, ante la impotencia del policía de crucero.
Una advertencia, en voz vaga, lo rescata de su ensimismamiento: “Jefe, tráiler de doble caja a la vista…”
-¡Procedan! –ordena enérgico.
Desde el asiento de su camioneta, observa satisfecho los movimientos sincronizados de sus “muchachos”. Una célula procede a instalar a media carretera una barrera con parpadeantes luces rojas de advertencia. El transporte, avisado, disminuye sensiblemente la velocidad. En una cuneta aguardan dos grupos de asalto, que procederán cuando el tráiler haga alto total.
El chofer piensa seguir de filo, cuando justo detrás de la barrera surgen seis enmascarados que le apuntan con sus metralletas AK-47. Los frenos de aire hacen derrapar las llantas y las cajas del camión se cimbran.
Rápido, con la exactitud de un comando de guerra, los asaltantes corren a abrir las puertas de las dos cajas y tras hacerlo, sonríen felices. Han dado otro gran golpe que acaparará los titulares de los periódicos y la atención de la radio y la televisión. Sin duda, conmoverá a la sociedad y desnudará la ineficacia de los servicios de inteligencia gubernamentales.
¡Treinta toneladas de frijol negro!
P:D: Al multiplicarse como la peste los asaltos frijoleros por todo el país, el máximo Jefe de Nación, decide que el ejército salga a las calles y carreteras para hacer frente a los mencionados latrocinios. Sin embargo, el venerable General de cinco estrellas, Bartolo Hermenegildo Aniceto de la Llave, se niega a cumplir las órdenes superiores arguyendo que su capacidad de fuego ante el temible enemigo, se reduce a pistolas y fusiles oxidados y sin parque de repuesto. Por lo tanto, alérgico al suicidio, respetuosamente sugiere que se convoque a la fuerza de la ONU, mejor conocida como los “Cascos Azules”, cuyo armamento es de última generación. Sin embargo, éstos, más pronto que rápido, responden lacónicamente: “Nones…”
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Buen relato con una triste visión de futuro, por desgracia, bastante premonitoria... nos encaminamos hacia un futuro desolador...
Consigues un buen efecto sorpesa al final.
Saludos.
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