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Enviar un mensaje privado Autor cubano62
EL DESEO
Mis amigos dicen que yo pude ser doctor, ingeniero, arquitecto... lo cierto es que solo terminé noveno grado, el querer ganar dinero rápido me hizo perderlo a largo plazo, pero cada cual es feliz en su vida con lo que tiene, aunque desee siempre más... pero así somos los seres humanos.
Dos horas buscando mis llaves y mira qué cerquita están, encima del refrigerador, todo se me pierde, cuando no es la fosforera, es la cajetilla de cigarros, o cualquier otra cosa; entre las llamadas de teléfono, las citas de trabajo y ver qué pareja escojo – es que estoy muy apegado a mi soledad, no es culpa de las mujeres que conozco, tengo a la vecina de los altos, una cuarentona que me invita a la playa descolgando medio cuerpo por el balcón para que le vea el escote, y a la vecina de los bajos, una muchacha que tiene un hijo de producción independiente y que todos los días me dice que cuándo vamos a ir a una discoteca, yo parezco el jamón en medio del sándwich -, como ven, tengo un rompecabezas bien organizado, pero con las piezas regadas por cualquier lado.
Mi tía Rosa, para aliviarme del problema de la cocina, se brinda para que yo vaya a cenar a su casa, sin darse cuenta de que vive tan lejos que gasto más en el taxi de ida y vuelta que lo que gastaría en el restaurante que me queda al doblar. Hace poco me hice un análisis de sangre y la hemoglobina está baja para un hombre, según el medico. Rosa dice que no me alimento, uso comidas rápidas, y muchas veces hablando por teléfono, con el plato en la mano. ¡Con tanto que trabajo, debía ser millonario! Por el contrario, la lista a pagar es tan grande que no se cómo hacer, a veces escucho noticias de un jugador profesional de béisbol, que gana 10 millones o más y digo ¿por qué no fui pelotero?
Pero nunca fui muy bueno en el deporte.
Hay días en que no tengo ganas de bañarme, y cuando no tengo gel, el pelo se riega de manera ordinaria, pero soy limpio, sí, nadie lo dude... para el sexo, siempre dispuesto, no sé con la hemoglobina tan baja como puedo tener ganas. En cuanto a compañías, no me faltan: mi amigo Sebastián llega al amanecer, buscando café, cigarros, o desodorante; mi hermano David viene a cualquier hora a llevarme los cigarros y la fosforera, ellos y algún otro amigo menos frecuente están sincronizados para aparecer y desaparecer, como en un baile; tienen una organización creada, como si yo fuera patrocinador de artículos en falta.
Como si fuera poco, ahora estoy un poco fanatizado con los asuntos del más allá, tengo un libro sobre espiritismo en la cabecera de la cama, la otra noche sentí ruido y salí, era un sillón moviéndose solo y ya le estaba encendiendo una vela al espíritu que estaba sentado en mi sala, cuando me di cuenta de que era el aire que se colaba por la ventana abierta... es para volverse loco. No obstante, le pido a los santos que me protegen, que me saquen todo lo oscuro del camino.
Hay más, a una amiga que nunca me visitaba, se le rompió su computadora y ahora forma parte de la organización de los que vienen casi todos los días. No me molesta, pero no tengo un butacón sano, pesa
Si estuvieran en mi lugar, tendrían que pensar qué hacer y cómo, aunque todo no es malo, por que tengo una amiga, llamada Susana, que se comunica a diario conmigo y siempre con buenas noticias a la italiana, me invita a comer pastas y esa es mi debilidad... las pastas, aunque engorden... ella es ama de casa, pero su talento culinario es extraordinario… entre otros que tiene, el más raro es el de adivinar pensamientos (hay que tener mucho cuidado de lo que se piensa delante de ella).
Ayer me dijo, mientras me alcanzaba un plato de tallarines con parmesano: “Te veo atormentado y buscando soluciones, ten cuidado con lo que pidas que los dioses siempre están escuchando”. En eso precisamente estaba y en eso sigo dando vueltas, por el momento decidí:
Después de mucho pensar qué hacer con mi tía, que tanto se preocupa por mi alimentación, opté por ir de vez en cuando y aceptarle una cena.
A mi hermano David, regalarle una fosforera y cigarros, aunque sé que los va a perder.
A mi amigo Sebastián comprarle un desodorante, más cigarros y un paquete de café.
Aconsejar a mi madre no coger tanta lucha y así bajar un poco los gastos de teléfono.
Al escritor, le hice sugerencias sobre el título y me dijo que la novela era de ciencia ficción, por eso lo de Adán sin Eva - debe ser un poco aburrido estar en el Paraíso sin Eva -.
A mi amiga Susana, solo agradecerle su apoyo espiritual y alimenticio... ¿Y ustedes piensan que con eso resolví?
No, aun me queda la gorda y la verdad es que no puedo comprarle una computadora, pero al menos puedo hacerme el duro y pedirle que venga menos seguido, y así me da tiempo de encontrar un carpintero.
Al día siguiente, lo hice todo tal lo planifiqué, todos muy contentos, hasta le compré a la gorda un paquete de galletas, pidiéndole un descanso. ¡Qué felicidad! Todo sería paz y tranquilidad.
Tuve un día especial, solo mío... aunque sentí algo de soledad, por que mis amigos y hermanos no solo me traían molestias, ellos me entregaban amistad y hermandad, sus charlas amenas, su compañía… ¡Hasta extrañé la llamada de mi madre para darme quejas familiares! En fin, decidí que podía pasar el resto del día leyendo, ya que tantas visitas no me dejaban tiempo para comenzar un libro, pero ya cansado, opté por irme a dormir.
Transcurrieron dos días y estuve solo... el tiempo me sobraba, no tenía con quien hablar, ni con quien discutir – a veces hace falta para descargar energías -, ni a quién aconsejar, me fumaba las cajas enteras de cigarros porque nadie me robaba ninguno, descubrí que tenía en las gavetas más de 15 fosforeras, porque mi hermano de vez en cuando las devolvía, me dolía el estómago de tanto extrañar las pastas de Susana...
Ya al tercer día, comenzaron aparecer todos sin previo aviso. Comenzando por Sebastián, con sus costumbres de siempre. Fui contento a hacerle café y no más comenzar a tratar de contarle lo que me había pasado, llegaron más visitas, entre ellas, por supuesto, mis dos hermanos con sus esposas... dos cafeteras más, la pérdida de mi fosforera, quedarme sin cigarros, dos llamadas de mi madre, mi hermano buscando comida en el refrigerador y Sebastián en el baño estrenando mi nueva loción para después del afeitado...
Por suerte, la gorda no apareció, así me da tiempo a arreglar los butacones, y mi amiga Susana, la única que no perdió el contacto conmigo, ya que, aunque no le conté mis problemas, los adivinó, me llamó para anunciarme que llegaría dentro de unos minutos para hacernos espagueti con chorizos y aceitunas, que fuera comprando dos botellas de vino y mucho queso, porque se celebraba un día especial de la magia en que se cerraban los ciclos comenzados con el año y se hacían nuevos proyectos, que prendiera una vela color morado y formulara algún deseo, que sería cumplido.
Cerré los ojos delante de todos y pedí que, aunque me quedara sin café, sin fosforera, sin cigarros, sin productos para el afeitado, aunque pague mucho de teléfono, de taxi por los viajes a casa de mi tía, me convierta en psicólogo de tanto ayudar a mis hermanos, engorde por las pastas de Susana, y me convierta en carpintero para ahorrar los destrozos de la gorda:
Que no me falten mis amigos, que me molesten mis hermanos, que me quede sin un centavo... ¡pero no quiero estar solo!
Al terminar, en medio del alboroto de costumbre, abrí los ojos y sonreí, mi deseo estaba cumplido.
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