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Sitio Web del AutorAutor narzissa
Dejar todo atrás.
Al
mirar hacia el cielo, podía ver las estrellas brillar entre el oscuro
manto de la noche. Sentía sus pies flaquear y el viento acariciarle el
rostro. Volvió a observar los hermosos astros y sus ojos se nublaron.
Sintiendo como las fuerzas la abandonaban, se sentó en el pasto húmedo
de la plaza que atravesaba. Apoyó su espalda contra el tronco de un
árbol y cerró los ojos. Respiró profundamente, sintiendo los latidos de
su corazón, que le indicaban que aún estaba viva. Con cada pulsación,
podía sentir nuevamente e dolor que cargaba desde hacía algunas horas.
El
brillo de la luna le iluminaba el pálido rostro y los ojos, de un negro
profundo, no se distinguían entre el oscuro ambiente en que la chica se
encontraba envuelta. Cerró los ojos nuevamente y recordó los hechos que
había vivido. Pudo ver nuevamente sus ilusiones muriendo y sus sueños
destruidos.
“No
quiero más”- pensó, mientras una lágrima caía por su mejilla. No tuvo
fuerzas para levantar la mano y secársela, sino que dejó que cayera
libre. Ya no quería luchar más.
Rompió
en un llanto silencioso y doloroso. Se retorcía de dolor a cada
sollozo, pero, sin embargo, el dolor le hacía recordar los momentos
hermosos que había vivido, y que nunca se irían de su mente. Casi podía
sentir en sus labios el contacto suave con la boca de su amado. Casi
podía sentir su respiración en su oído, diciendo “te amo”. Casi podía
sentir los ojos profundos de él observándola con ternura. Casi podía
sentir el contacto de su piel sobre la suya, entregándole el calor que
necesitaba. Un abrazo, un beso, una caricia, había sido todo el tesoro
de su alma, llevándola hacia el cielo en un suave danza de amor. Amor
de dos almas que por fin habían encontrado un par, luego de sufrir y
penar en manos de otros. Luego de sufrir a manos de personas que han
perdido su alma a causa del dolor, y se han propuesto hacer daño a los
demás.
“Quizá
yo también he perdido mi alma”- pensó- “Quizás sea hora de que parta al
lugar en que podré, al fin, ser feliz”- pensaba esto con gran dolor,
intentando despegarse de todo lo conocido.
Recordaba
el contacto de su piel, de sus manos entrelazadas en el momento del
adiós. Y, en aquel instante, su memoria voló hacia las escenas pasadas
de la vida de la chica:
“-No te vallas- decía ella, con la voz anegada- No te vallas, no ahora.
-Mi amor, mi niña- murmuraba un joven, con los ojos enrojecidos por el llanto- Debo irme, debo irme.
-No te vallas, no te vallas- decía la joven, apretando la mano del chico con desesperación- No me dejes sola.
-Volveré, te lo prometo- dijo él- Volveré a buscarte acá, y estaremos juntos por siempre.
-No te vallas- gemía ella, acercando su húmeda mejilla a la de él, y cerrando sus ojos.
-Amor, mi niña- susurraba el chico en su oído- Debo irme. Volveré contigo, niña mía. Podremos vivir juntos. Volveré.
Él la abrazó con fuerza, apretándola contra su pecho. La chica sollozaba en silencio, acariciando el cabello de su amor.
-No me dejes- susurró, entre sollozos- No me dejes así.
Pero el abrazo se iba, y, cuando el joven estaba con un pie sobre el bus que lo esperaba, se volvió hacia ella.
Las lágrimas en su rostro caían con lentitud. Él le
dirigió una última mirada, a los ojos, con la desesperación clavada en
ellos. Luego, soltando la mano que aún tenía entrelazada con la joven,
volvió la cabeza.
-Te amo- murmuró, y subió al bus, alejándose para siempre de ella”
LA
chica recordaba aquellos como si hubiera sido ayer. Había sentido que
su mundo se destruía al sonido de las palabras “Te amo”, las últimas
que había escuchado de su joven amor.
-Te
amo- murmuró ella ahora, con menos fuerzas cada vez.- Perdóname por no
haber sido capaz de esperarte. Esto que llevo dentro me ha matado,
debilitándome poco a poco. Te amo, niño de mi corazón.
Volvió
a contemplar las estrellas, deseando encontrarse en ellas con su amor.
Poco a poco se fue sumiendo en un sueño sin igual, en el que estaba con
él nuevamente, para siempre, juntos. Poco a poco la vida la abandonó,
alejándola del dolor que provoca la soledad.
-Amor- susurró una voz en su oído- Amor, por fin llegas.
Abrió
los ojos con suavidad, y observó a su joven amor frente a ella,
tendiéndole la mano. Ella la tomó y él la ayudó a incorporarse.
-Te
he esperado largo tiempo- murmuró él, mientras la acercaba y la
abrazaba. Ella sintió el cuerpo de él contra el suyo, y se dio cuneta
que ya no sentía frío. Por fin su calidez había vuelto. Respiró su
aroma, como la última vez. Le acarició el cabello, y recordó todas
aquellas tardes juntos, amándose en un sueño sin fin.
Se
fueron caminando y, así, la chica abandonó por fin su cuerpo, abandonó
el dolor y la soledad del amor perdido. Abandonó todo lo conocido para
comenzar a construir aquel sueño que, en vida, se les había sido
arrebatado.
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