Opciones

Calificar


  • Calificación 4.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
Val. Promedio:4
(2 Votos enviados)

Haga click en la estrella para enviar su voto

DIAS EXTRAÑOS

Calificación Promedio:
estrellaestrellaestrellaestrellaestrella gris

Publicado el 28/02/2008 | 239 Visitas | 1 Comentario(s)

Lo que comenzó como una pequeña protuberancia bajo mi órgano sexual se transformó en lo imposible. Tendría siete u ocho años cuando surgió en plenitud un pene. Si, otro pene. Con glande, prepucio, etc. Solo carecía de satélites naturales, o sea las bolas. Desde entonces caminé por la vida con dos manos, dos piernas, dos ojos y dos penes, uno bajo el otro…solo una perra como ésa podría haberlo hecho…pero bueno, vamos por parte; tenía dos aparatos. Seguramente piensas que esto es una ventaja y sí, en ocasiones lo era, pero no todo es color de rosa amigos míos; el problema es que el aparecido tenía vida propia, no lo podía manejar. Justifíquense así mis erecciones inmotivadas y las ocasiones en que me oriné en los pantalones públicamente.

Cuando apareció me sentía raro, creía que era una enfermedad o algo así, aunque de todos modos nunca consulté un médico. Con el paso inevitable del tiempo logré acostumbrarme, amigos míos, incluso le tomé cariño. Era tan independiente, tan impredecible. Tenía incluso un poco más de tamaño que el original. Lo bauticé como don Pepito, y para evitar que el original se sintiera echado al olvido, también le puse nombre: don José.

Entonces al pene de arriba, el original, le llamaremos don José y al invitado sorpresa, el de abajo, será don Pepito ¿OK?

Aunque, como dije, esta situación me trajo complicaciones, también tenía un lado positivo. Cuando ambos se sincronizaban era una maravilla; era capaz de dar horas y horas de placer. Recuerdo perfectamente una ocasión, tenía quince años y aún era casto, esta sería mi primera vez. Estaba con una nena de mi escuela en una sala fuera de uso que habilitaron para guardar los muebles, papeles y libros que se daban de baja. Era un lugar oscuro, no tenía ventilación y estaba bastante sucio, pero como podrás imaginar eso nos interesaba un huevo. Hace días que nos teníamos ganas, así que en un recreo nos miramos, nos dijimos algunas cosas personales y nos metimos en ese lugar; cimarra interna le llaman. El caso es que yo era bastante tímido, y no tenía la menor idea de cómo hacer sentir bien a una mujer; ella en cambio era una fiera. Era conocida en el colegio como “la tarántula del Caribe” (a buen entendedor…). Bueno, entramos ahí, nos besamos efusivamente y comencé a meterle mano; con un trapo viejo que pillamos quité el polvo que había sobre el viejo sofá, ella se tumbó ahí, se levantó el jumper y se quitó el calzón mirándome directo a los ojos. ¿Y yo? ¿Es lógico, no? tuve una erección, pero solo con el propio, con el de arriba, con don José. El lugar, repito, era bastante oscuro, lo que impidió que la nena notara la presencia del otro pene (jamás se lo hubiera imaginado).

Bueno, comenzamos. No me costó mucho entrar en ella y en eso ayudó mucho que la nena me tomara el pene y lo dirigiera justo al lugar indicado. Empecé con el in-out, in-out, y me sentía muy bien haciéndolo. Sin embargo sucede, sin embargo, que en plena acción don pepito, el de abajo… ¡se meó! Mojó todo el sitio y también a la nena. Antes de que vuestro humilde narrador pudiera decir algo ella estaba histérica, gritaba y me trataba de lo peor.

- ¡eres un cerdo, Emilio! ¡Eres un maldito cerdo!

Ella pensó que yo era una extraña clase de desviado sexual, que lo había hecho a propósito, o qué se yo qué mierda pasó por su cabeza en ese instante. Sin embargo, y casi de inmediato, se dio cuenta de mi extraño caso, y cuando lo hizo se quedó parada ahí con la boca abierta, en silencio, mirando, como si hubiese visto un fantasma. Como por arte de magia justo en ese momento don pepito se levantó, je. ¡Dos penes erectos en una sola persona! si me lo hubiesen contado seguro que habría tildado al tipo de loco o de mentiroso.

Muy lejos de lo que se pueda pensar, la chica no dijo nada, se tumbó en el sofá nuevamente y abrió las piernas. Eran unas piernas increíbles. Yo entonces ataqué. Era maravilloso, podía hacer relevos y lograr ángulos increíbles con ambos. En resumen, puedo decir que mi primera vez fue increíble.

Pasaron los días, ¿y ella? Bueno, ella quedó como embrujada. Jamás volvimos a cruzar palabra, pero cuando me veía quedaba así, tal como esa ocasión, pasmada, como paralizada, pálida y con la boca abierta. La dejé loca, je.

No me detendré mayormente en explicar cómo me convertí en el chico mas deseado de la escuela y luego de la universidad. Las chicas me hacían llegar notas anónimas, me llamaban y colgaban, se hablaba de mi en los pasillos y en las fiestas, se decía que tenía dos penes del tamaño de una catedral, que duraba horas, etcétera; me convertí en una leyenda viviente. En lo que si me detendré es en contar el fin de sus días, el fin de don pepito y de mis días de gloria.

¿Por donde empezar? – Por el principio- gracias. Comenzaré por el principio.

A la Brenda la conocí en una agencia de juegos de azar; yo iba allí todos los días a apostarle a ganador en los pronósticos del fútbol y ella también. Su presencia me perturbaba, era como si me siguiera. Todos los días. sentía como si quisiera ver mi cartilla, mi programa, como si quisiera conectarse a mí para conocer mis pronósticos. Era una especie de sombra, nada mas llegaba yo a la agencia y entraba ella, se ponía justo a mi lado y revisaba su programa. Me miraba. Seguramente pensarás que hubiera bastado con ir en otro horario o cambiar de agencia para acabar con el problema, pero amigos míos, aun no les he dicho lo hermosa que era aquella mujer ¡Qué caderas!, ¡qué piernas! No detallaré si rubia o morena, si alta o baja, ni las proporciones de sus atributos, pues eso provocaría en mí una sensación de excitación que mi estado convaleciente no está en condiciones de resistir. Solo diré que era la nena más endemoniadamente guapa que había conocido en mi perra vida. Vaya, me excité de todas maneras. ¡Me lleva el chanfle!

- código 229- dijo al fin una tarde.

-doble, local y empate. -Respondí casi por inercia.

Me miraba y yo sentía sus ojos sobre mi cartilla, no toleraba la idea de que fuera una espía, o cualquier mierda extraña inimaginable. Entonces no soporté más, levanté la cabeza y grité mientras toda la gente del lugar se devolvía a ver aquel escándalo:

-¡Mira zorra, si quieres saber mis apuestas vas a tener que usar algo más que esa minifalda y ese escote! ¡No creerás que estoy tan necesitado como para darte mis resultados por echar un pato!

Ella me miró en silencio, todos en el lugar me miraban en silencio. Fue un momento psicodélico.

– Te invito una cerveza - dijo al fin, dando una hermosa sonrisa

– de acuerdo - pagué mi apuesta y nos fuimos al bar más cercano. Tanto gritar me había dado una sed terrible.

Llegamos al bar del mosca a eso de las tres, era un sábado por la tarde en la maldita ciudad de Santiasco y un tipo con suerte entraba con una nena envidiable dispuesto a beber un río de cerveza en aquel sitio. Nos sentamos y pedimos la primera vuelta mientras miraba como cruzaba sus piernas y encendía un cigarrillo.

- ven a vivir conmigo, necesito alguien como tu- Dije, por decir algo.

-¿y mi marido? - Respondió soltando una risita.

Debo admitir amigos que jamás esperé esa respuesta. No tenía lógica, ni pies ni cabeza. No nos conocíamos, ni siquiera sabía su nombre. Seguramente era una perra chiflada.

-tu marido es una mierda que no se merece a una mujer como tú- continué.

-está bien, pero debo ir a recoger algunas cosas a mi casa.

-a la mierda, podemos comprar todo otra vez.- Ella sonrió.

La miré detenidamente, y les juro que era más hermosa aún de lo que había estimado. Entonces pensé que eso de irme a vivir con ella, a pesar de lo absurdo de mi propuesta y lo absurdo de su respuesta, no era una mala idea. Y es que todo entre nosotros era absurdo. Pero ¡qué diablos!, mas absurdo es trabajar de profesor hasta los sesenta y luego vivir pegado a la tele babeando por nenas jóvenes moviendo el culo y recordar con arrepentimiento los viejos tiempos. Más absurdo era soñar con ser presidente de la república.

-¿cómo te llamas?- pregunté, aunque en realidad me interesaba un huevo su nombre.

- Brenda -y luego de una pausa agregó- ¿y tu?

-¿yo qué?

- ¿cómo te llamas?

- Eastwood…Clint Eastwood. - Ella sonrió y pidió otra ronda. Era adorable.

Me saltaré de contar detalles de nuestra vida diaria durante los diez años que siguieron, basta con decir que durante días no podía ni caminar. Era una verdadera fiera sexual. Era una chiflada, una ninfómana insaciable. Y eso que yo tenía la ventaja de mis dos aparatos. Un hombre común y corriente de seguro no sobrevive. Y fueron diez años. ¡Diez años! Hasta la semana pasada.

Creo que era viernes, no, era sábado por la tarde. Estábamos en la cama, haciéndolo. Con don José, el de arriba; don pepito no estaba funcionando en ese momento. Yo estaba abajo, de espaldas, brazos extendidos y ojos cerrados; ella estaba encima. De pronto se quitó, yo no abrí los ojos pero supuse que se había levantado para ir al baño, o a cualquier otro sitio que su enfermo cerebro pudiese dictar. Me quedé en esa posición, con los ojos cerrados, y como me había tomado unas cuantas y ella tardó mucho…me dormí, buenas noches los pastores. Pero de pronto ocurrió lo peor que se podrían imaginar, amigos míos: un dolor inmenso me atacó en la zona del aparato y en el estómago, un dolor que pasó como corriente a mis brazos, a mis piernas y a mi cabeza, todo en un segundo. Y era un dolor realmente horrible. Traté de abrir los ojos y lo que vi fue no menos espantoso: ahí estaba ella, con el cuchillo en la mano… ¡la enferma mental me había cortado el pene!, había matado a don Pepito, al que tanto había cuidado durante años. Y ella estaba ahí, sobre mí, sonriendo como siempre, mientras saltaban chorros de sangre del agujero que había quedado. Fue lo último que pude ver antes de perder la conciencia; MIERDA fue lo único que alcancé a decir.

Desperté en el hospital Central de Santiasco hace tres días. Abrí los ojos y pude reconocer a mis padres justo sobre mí, mirándome con cara de espanto. Y es que no tenían idea de que durante años tuve dos penes. Supongo que para ellos enterarse de semejante anomalía, y de la forma en que ocurrió, debe haber sido como un combo en el estómago. O una patada en las bolas; bueno, para mi padre, mi madre no tiene bolas. El caso es que lo primero que hicieron mis parents al verme despertar fue abrazarse efusivamente, como en las películas; mi madre comenzó a llorar. Yo no entendía nada, miré al otro lado del cuarto y vi a una enfermera bastante gorda y bigotuda, con pinta de ballena, que salía corriendo de la sala en busca de un médico. Me sentí el Mesías resucitado.

-tranquilo hijo, no te esfuerces- decía mi padre mientras mi madre lo abrazaba y lloraba.

-estarás bien, no te preocupes- repetía. Yo trataba de rebobinar mi disco duro y entender en qué mierda estaba metido ¿Por qué estaba en ese sitio? ¿Qué significaban las lágrimas de mi madre? Miré mi cuerpo y sentí un dolor agudo en la zona del pene y solo entonces comprendí; recordé esos últimos momentos de conciencia, recordé ese agujero por el que saltaba sangre, recordé la cara desquiciada de la Brenda con el cuchillo ensangrentado en la mano. Sentí deseos de comprobar la magnitud de los daños pero no tenía fuerzas como para levantar las sábanas. –no te esfuerces – dijo por vigésima vez mi padre.

Al día siguiente el doctor me explicó que por el hecho de poseer dos penes –hecho que considera como todo un milagro de la naturaleza- mi sistema urinario y sexual no se verá afectado mayormente, solo me operaron para cerrarme la herida y además reconstruyeron las bolas. Hicieron un trabajo bonito. Puedo mear y no necesito tubitos ni nada. Estoy bien, normal; claro, perdí mucha sangre y tuvieron que inyectarme de otra gente, pero nada más. Estuviste a punto -me dijo el médico-, tuviste suerte de que llegaran tus padres justo en ese momento, sino te desangras flaco, te desangras.

De la Brenda nada se sabe, la está buscando la policía. De don pepito tampoco. Desapareció. Solo se sabe lo de una nota que ella me dejó y que tienen mis padres, pero que no me quieren entregar: - cuando estés mejor te la daremos, hijo- es la excusa. Lo único que tengo claro es que esta enferma no se llevó nada, ni un cepillo de dientes, nada. Solo dejó esa puta nota que leeré cuando mis padres y su extraña forma de cuidarme quieran.

He tardado varios días en escribir esto amigos míos, por mi poca fuerza, por que paso gran parte del día dormido, y porque solo puedo escribir cuando no están mis padres. Pero hoy me dan el alta, me viro de esta maldita pocilga. Hogar dulce hogar. Necesito estar en casa, escuchar los Ramones. Lo único desagradable es que NO podré beber en varios días, hasta que deje estos putos fármacos. Serán días tortuosos. Serán días eternos. SERÁN LOS DÍAS MÁS EXTRAÑOS DE MI VIDA.





Comentarios

Nieves

Nieves

01/03/2008

# 1

Bueno, Emilio, vuelves a sorprenderme. De eso se trata, ¿verdad? de sorprender. Un relato lleno de fino humor, me he divertido leyéndolo. Te felicito.
Un saludo.

Dejar un comentario

Solo los usuarios registrados pueden agregar comentarios.

Si no esta registrado en VOOTEXT puede registrase gratis y disfrutar de todo el sitio.


Usuarios que añadieron este texto a sus favoritos

Ningún usuario añadió este texto a sus favoritos.


Copyright © 2008 Vootext.com Todos los derechos reservados.

Sedo - Buy and Sell Domain Names and Websites project info: vootext.com Statistics for project vootext.com etracker® web controlling instead of log file analysis