Texto a Mis Favoritos
Autor a Mis Favoritos
Suscribirme a este autor
Comentarios (0)
Enviar un mensaje privado Autor Rafael
DIA DE SAN VALENTÌN
Por Rafael
Como todos los años, el hombre siempre ha encontrado motivo o pretexto para seguir conmemorando días que induzcan al asueto nacional, la instauración de los famosos “puentes”, y por supuesto, el estimulo que induzca al consumismo.
La mercadotecnia, desde luego, es el principal motor de la invención de nuevas y banales celebraciones que promuevan las compras, puesto que aún sobran muchos días sin aprovechar de los 365 que tiene el año.
Si, históricamente, son obligatorias las celebraciones patrias que obligan por ley el descanso laboral, al paso del tiempo, lenta, pero progresivamente se han instituido días que, por su contenido sentimental, hay que festejar. Basta mencionar algunos ejemplos emblemáticos: el día de la paz mundial, del cáncer, la libertad de expresión y de los derechos humanos, pasando por el de las madres, padres, adultos mayores, maestros, enfermeras, soldados, marinos, aviadores, zapateros, panaderos, carteros, compadres, secretarias, cantantes, albañiles, perros y gatos, etcétera, etcétera. Entonces ¿por qué se iba a desaprovechar con bombo y platillo el día de San Valentín, mejor conocido por los neófitos como el día del amor y la amistad?
Al respecto, la iglesia ha levantado su voz de inconformidad al recordar que San Valentín es un mártir de le fe católica, considerado por ello como patrono de los enamorados en defensa del amor sacramental, sentimiento que ha sido avasallado por el internet a través del “speed daiting”, o sea, la cita rápida en cafeterías, bares, restaurantes o discotecas, con identidades virtuales del sexo opuesto o sin recato de la misma “naturaleza”.
De esta forma, las generaciones actuales han obviado los engorrosos y ancestrales trámites del galanteo, de las miradas cruzadas, del rubor, de la insinuación, de la tímida invitación, del tierno y vacilante roce de las manos, de los nervios que hacen temblar el cuerpo y secar la boca en el intento de confesar el amor que nace de lo más profundo de un acelerado palpitar del corazón.
Todo lo anterior, ahora parece que pertenece a la edad de piedra.
Sin embargo, aún existen jóvenes despistados y soñadores, como Inocencio Galán, un muchacho respetuoso, fiel, estudioso, trabajador, bien educado, romántico por excelencia, que con evidente nerviosismo aguardaba el día de San Valentín como la mejor oportunidad para confesarle su evidente e incontenible amor a Romana Cienfuegos.
Convencido que no hay nada como amar para quemar calorías, decidido, bien bañado, vestido y, ¡hasta con corbata!, Inocencio Galán salió a la calle, abordó su coche, recogió a Romana en su centro de trabajo y aprovechando que en cada crucero abundaban los vendedores de flores o de multicolores globos de plástico en forma de corazón, que abordaban a los automovilistas en cada alto de un semáforo, para ofrecer su mercancía en aras del día amor y la amistad, Inocencio Galán encontró el mejor pretexto para “aventarse al ruedo” y llamó a uno de ellos que le ofrecía un hermoso ramillete de rosas blancas y rojas.
Romana, al percatarse de las ridículas intenciones de Inocencio, cortante, le espetó: “Ay, muchachito, no seas antiguo: si quieres conmigo, ¡déjate de flores, invítame un trago y vámonos al hotel!”
En pocas palabras, como dicen en mi barrio: “Lo que sea, que suene…”
Todavía no se hicieron comentarios sobre este texto.
Solo los usuarios registrados pueden agregar comentarios.
Si no esta registrado en VOOTEXT puede registrase gratis y disfrutar de todo el sitio.
Ningún usuario añadió este texto a sus favoritos.
Copyright © 2008 Vootext.com Todos los derechos reservados.