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Enviar un mensaje privado Autor amcafe
Había cenado con compañeras y compañeros de trabajo y salíamos del restaurante en grupitos y, por circunstancias casuales, me encontraba platicando con cuatro compañeras, cuatro chicas excelentes, de muy buen ver, mis amigas Rocío, Carmen, Isabel y Reme. Nos íbamos a despedir cuando, Carmen que vivía muy cerca del lugar en el que estábamos, nos invitó a tomar una última copa en su apartamento. Yo interpreté que la invitación no me concernía, que solo se aplicaba a las chicas, para que hablaran en libertad entre ellas, por lo que me despedí, dí las buenas noches y me despedí hasta el día siguiente en el que nos veríamos en el trabajo, pero Carmen, y también las otras insistieron de una forma que me pareció más que cortés, por lo que acepté con la condición de que iría a comprar algunas bebidas para amenizar la velada.
Nos reunimos, pues, en el apartamento de Carmen, bebimos y hablamos sin parar de todo y al final platicamos de sexo. Yo estaba un poco cohibido, pero con los cuba-libres que me había tomado me sentía cómodo e incluso audaz con el paso del tiempo. De broma, y esperando que me rechazaran y se burlaran de mí, les propuse una orgía sexual entre los cinco. La orgía consistiría en que las cuatro chicas, desnudas de cintura para abajo, con las piernas abiertas, se sentarían en una silla, formando un círculo las cuatro, y yo en medio del círculo, desnudo de cintura para abajo, vestido con la chaqueta que portaba. Las cuatro se rieron mucho, y como el alcohol puede hacer locuras, ACEPTARON, para mi sorpresa y mi sonrojo, pero no me podía volver atrás. Isabel, ya lanzada sugirió que tenía que lamerles el conejito, una detrás de la otra, siguiendo la dirección de las agujas del reloj. Reme indicó que como tenía la regla se mantenía al margen. Yo les indiqué que si lograba que se corrieran las tres con mis lamidas y chupadas, ellas tendrían en compensación que chuparme a mí el pene. ACEPTARON también, para mi monumental sorpresa.
Me puse a lamerlas con fruición, con pasión, con rabia incluso. Pasaba de un conejito a otro, cinco lamidas a una, luego cinco a la otra y así sucesivamente. Carmen e Isabel se corrieron bastante pronto, pero Rocío, aunque gemía, sollozaba, gritaba como una posesa, se resistía a correrse, aunque yo me empeñaba como si la vida me fuera en ello. Al final se corrió en medio de un griterío enloquecedor que nos dio mucho morbo a todos, incluso a Reme, que permanecía al margen.
Luego insistí yo en que ellas cumplieran la segunda parte del pacto y en el juego entró entonces Reme, que también quiso participar en las chupadas, pues su irregularidad fisiológica mensual no iba a ser un obstáculo. Mi pene era lamido conjuntamente con la lengua de las cuatro y de vez en cuando iba pasando de una boca a otra, hasta que finalmente me corrí y mi semen golpeó la cara de las cuatro.
Al día siguiente al vernos en el trabajo nos comportamos como si no hubiese pasado nada de nada. En efecto, coincidí con Rocío en la búsqueda de un expediente y al meterle mano en el culo, pues estábamos a solas, recibí un bofetón que se oyó en muchos metros a la redonda.
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