Texto a Mis Favoritos
Autor a Mis Favoritos
Suscribirme a este autor
Comentarios (0)
Enviar un mensaje privado Autor Redfield
Estás sentado sobre un taburete. Estás incómodo y te comienza a doler la espalda. Llevas sentado un largo rato. Tu vista está totalmente nublada, permitiéndote tan sólo diferenciar difusas siluetas en la penumbra. Te aferras a tu abrigo. Es un gesto que sueles repetir constantemente. No es que tengas frío. Te repugnas tanto que intentas esconderte como sea.
Vuelves a agarrar tu vaso. Lo has vaciado demasiadas veces esta noche. Apenas tienes fuerzas para buscar la botella con los ojos. Con la mirada clavada sobre la barra, vuelves a aferrarte a tu abrigo. Te giras lentamente y te incorporas un poco. Puedes ver a Joe al piano. Le odias. Es tu única compañía. Y él lo sabe. Joe es consciente de que preferirías estar con cualquier otra persona antes que con él. Lleva tanto tiempo siendo tu única compañía que no hace falta demostrar que lo odias.
Giras un poco más la cabeza. Puedes ver escondida entre las sombras el teléfono. Todo sería mucho más fácil con solo una llamada. Llevas siete años viniendo todas las noches a este bar con la esperanza de emborracharte lo suficiente como para tener el valor de llamar. Intentabas ahogar tu cobardía en alcohol. ¿Qué sentido tenía al despejarte? Tan sólo tenías que marcar el teléfono. Lo llevas en un pedazo de papel escondido en tu mano, siempre lo llevas agarrado en el puño. Pero, una vez marcado, ¿qué harías? Supones que al escuchar la voz de tu hija después de tanto tiempo romperías a llorar. Quizás colgarías inmediatamente. Quizás te descompondrías de rabia y golpearías la barra. No te conoces lo suficiente como para saberlo.
Pero sabes perfectamente qué es lo que deberías hacer. Tan sólo tienes que aceptar sus disculpas. Decir que la quieres. Decir que te alegras de que pueda llevar la vida que ella siempre deseó. Decir que la echas de menos. Decir que estás orgullosa de ella. Sinceramente, el camino a seguir está tan prefijado que no importa que hagas después. Tan sólo tienes que dar un paso. Pero no lo harás. Conoces cuál es la opción acertada, y deliberadamente escoges la que más te perjudicará. Y eres consciente de ello. Y por eso intentas taparte con el abrigo.
Aprietas fuerte el puño donde guardas el número de teléfono. Apoyas tu frente sobre él y comienzas a llorar. No es la primera vez que Joe te ve llorar. De hecho, todas tus noches acaban igual. Las notas del piano de Joe empapan tu propia resignación. Y entonces te das cuenta de que en realidad no odias a Joe. Joe tan sólo te muestra tu verdadera realidad. Te odias a ti mismo.
Estás demasiado ebrio para poder levantarte, pero a pesar de ello agarras la botella y sales a trompicones. Sabes que todo podría ser mucho más fácil. Sabes que podrías ser feliz. Sabes que no tendrías por qué morir lentamente en un bar de mala muerte.
Tan sólo una llamada…
Todavía no se hicieron comentarios sobre este texto.
Solo los usuarios registrados pueden agregar comentarios.
Si no esta registrado en VOOTEXT puede registrase gratis y disfrutar de todo el sitio.
Ningún usuario añadió este texto a sus favoritos.
Copyright © 2012 Vootext.com Todos los derechos reservados.