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Enviado por Manuel Gross
Sociedades
tóxicas, organizaciones tóxicas, comportamientos tóxicos, relaciones tóxicas,
personas tóxicas...
Hay algunas personas que realmente pueden hacer que tú te
enfermes.
¿Hay
alguien en tu vida -un pariente, un jefe, un amigo, un amante o incluso un
cónyuge- que te pone loco? ¿Hay personas que te hacen sentir inadecuado,
indigno, o simplemente miserable?
Si hay
alguien que no te apoya ni te desea lo mejor, entonces tienes una
"persona tóxico" en tu vida.
¿Reconoces alguno de estos terrores tóxicos: El oportunista, el controlador,
el entrometido, el sabelotodo, el narcisista yo-yo-yo, el instigador, el
calculador frío, el mentiroso? De todo esto ha escrito la psicóloga
norteamericana Lillian Glass en su libro superventas "Toxic
People" donde brinda consejos para saber qué hacer y cómo hacer para
librarnos de todas esas personas tóxicas que a diario tratan de envenenarnos
la vida.
Anteriormente hemos publicado otros artículos sobre los conflictos
interpersonales en el ámbito de las organizaciones, tales como Como trabajar con
empleados conflictivos, Los 6
procedimientos básicos de resolución de conflictos y Controle los
inevitables conflictos interpersonales.
Ahora, para introducirnos en el tema de las relaciones tóxicas en un ámbito
más personal y familiar, mostramos una serie de dos artículos, todos basados
en la obra original de la doctora en psicología Lillian Glass, escritos por
una psicóloga clínica y una periodista, respectivamente.
Personas tóxicas
Los celos, el ansia de éxito y el amor de los demás en exclusiva, están en el
origen de los vínculos dañinos. Hay seres tóxicos capaces de infectarnos con
su negatividad, pero también antídotos y técnicas para librarse de quienes
nos amargan la vida e impiden crecer. Hay personas en nuestro entorno
familiar, laboral o social, cuyos comentarios y actitudes nos complican la
existencia.
Por María Jesús Ribas
Gente peligrosa para nuestra salud mental, emocional y física, a quienes
conviene mantener alejados, o al menos a raya, si no tenemos más remedio que
convivir o coincidir con esas personas tóxicas. Cualquiera que nos aflige con
su actitud hacia nosotros, que no nos deja crecer, que no se muestra contento
con nuestros éxitos y que pone barreras a nuestros esfuerzos para ser más
felices, puede considerarse una persona tóxica para nuestra vida, aunque para
cualquier otro individuo pueda resultar inofensiva.
Para la psicóloga estadounidense Lillian Glass, la raíz de toda
toxicidad en las relaciones humanas son los celos. ¿Por qué algunas
personas cercanas, queridas o amigas, nos hieren, se enfadan con nosotros,
tratan de vencernos, buscan disgustarnos o intentan dañarnos con frases
sarcásticas o respuestas que desaniman o al alegrarse falsamente de nuestra
felicidad o éxito?
¿Por qué nos hacen críticas destructivas?, ?Debido a los celos y su
concomitante envidia?, señala Glass, para quien el descontento y los
sentimientos de insuficiencia provocan el ansia de posesión, del éxito y del
amor de otras personas, así como el deseo de tenerlas para uno mismo, en
exclusividad.
Caldo de cultivo: Los Celos
La frustración de otras personas que nos ven como ganadores y se consideran a
sí mismas como perdedoras, las impulsa a golpearnos mental y verbalmente, y a
veces incluso mediante la violencia física. También les lleva a involucrarnos
en juegos molestos, palabras crueles y comportamientos sucios.
Los celos o la falta de amor propio son la razón de muchos comportamientos
negativos hacia nosotros, pero también la causa encubierta de conductas
similares de nosotros hacia los demás.
La doctora Lillian Glass, sugiere emplear ciertas técnicas para que los
ataques emocionales de la gente tóxica no repercutan sobre nuestra salud
física y mental. Para la experta, esto es una cuestión de supervivencia,
porque buena parte del bienestar y éxito en nuestra vida dependen de que se
mantenga nuestra fortaleza psicológica y emocional.
A veces, para contrarrestar la toxicidad ajena o intentar que no nos afecte,
se recurre al consumo de drogas, tranquilizantes o a la alimentación
compulsiva. Pero ello sólo es una forma de autodestrucción inconsciente, que
sólo ocasiona que esa situación negativa se agudice cuando han pasado los
efectos en apariencia placenteros de esos métodos para huir de la realidad.
Tampoco hay que responder con la violencia física, ya que las agresiones a
los individuos tóxicos sólo consiguen convertir en víctimas a quienes en
realidad son los verdaderos agresores, lo cual realimenta su papel negativo
en nuestra existencia: es como intentar apagar un incendio echándole más
combustible.
La amenaza en casa
Cuando las personas tóxicas forman parte de la propia familia, pueden
plantear un verdadero problema psicológico, debido a la continuidad de la
convivencia y el vínculo. Si están en el trabajo, pueden poner en riesgo
nuestra continuidad laboral, debido a que se resiente nuestro rendimiento a
los continuos conflictos.
Ya sean nuestros padres, hijos o cónyuges, nuestros jefes o compañeros de
trabajo, a las personas tóxicas hay que aprender a tratarlas, para que no
trastornen nuestro equilibrio vital. Según la investigadora Lillian Glass, la
fórmula magistral para desintoxicar nuestras relaciones consiste en comunicarse
para afrontar lo que nos molesta del otro y decirlo sin tapujos.
Si tiene un jefe, amigo o familiar que le hace sentir inferior. Si su madre,
padre o ambos le han regañado a lo largo de toda la vida. Si está en contacto
con un médico, profesor o cliente que le insulta o simplemente le pone
enfermo. Si mantiene algunas de éstas u otras relaciones tóxicas, necesita
sobrevivir a ellas.
Para conseguir una convivencia tranquila y feliz, la experta sugiere aplicar
una serie de antídotos contra la negatividad. Una solución consiste
en mantener el sentido del humor. Relajar las tensiones y divertirse, con
ello permite responder al sujeto tóxico y conseguir el beneficio de la risa.
Primero hay que relajarse, respirando lentamente unos segundos y exhalando
mientras se recuerdan las palabras y acciones tóxicas, como si se las
expulsara del cuerpo junto con el aire. Después hay que decir algo divertido,
que ponga en evidencia al agresor verbal. Esto sirve para expulsar la tensión
acumulada.
También es importante dejar de pensar todo el tiempo en el problema,
los cual sólo contribuye a amplificarlo, ya que la mente es cómo una lupa:
aumenta aquello que enfoca. Existen momentos en que una persona tóxica parece
colapsar nuestra mente, convirtiéndose en lo único en que podemos pensar, lo
cual es perjudicial. Hay que gritar o decir mentalmente ¡Basta de pensar! y
apoyar esta expresión con frases positivas, como ?soy importante?, ?mi vida
es valiosa? o ?me siento feliz?.
La técnica del espejo
La doctora Glass también aconseja actuar como si fuéramos un espejo. Se puede
obligar a las personas tóxicas a ver reflejados sus comportamientos. Si
alguien no para de hablar impidiendo que los demás lo hagan, la respuesta
puede ser ponerse a ladrar. Cuando el tóxico se calle y pregunte ?¿qué
pasa??, se le explicará que esa es la actitud que él mantiene con los demás.
Para que los individuos tóxicos vean cuán absurdas son sus ideas, comentarios
y actitudes, lo mejor es formularles con tranquilidad interrogantes sencillos
que se conviertan en una progresión lógica que vaya desbaratando sus
argumentos, uno tras otro.
A aquellos que odian a los negros puede
preguntárseles: ¿conoce mucha gente de color?, ¿ha convivido con ella?,
¿alguien le odia por ser quien es? Sus respuestas evidenciarán lo ridículo de
sus ideas. Y siempre habrá más preguntas para ponerles en evidencia.
Aunque parezca difícil, hay que intentar emplear la cordialidad. Convertir el
enfado en amabilidad es una respuesta ideal frente a muchos que van de duros
por la vida. Los motivos de su actuación suelen ser la inseguridad y la falta
de amor propio. Al saber que esas son las causas de su toxicidad, puede
controlarse el enojo y transformarse en amabilidad, con lo que se ?sosiega a
la fiera?. Muchas personas que tratan con el público hacen gala de esta
capacidad, que da frutos asombrosos.
Otro antídoto para la toxicidad mental, consiste en desprenderse de cualquier
emoción con respecto a la persona venenosa: sacarla de nuestra vida, no
preocuparse por ella, no desearle ni bien ni mal, visualizar la desconexión
con ella, dejarla atrás.
Catálogo de Personas Venenosas
Según Glass, estas técnicas son efectivas para contrarrestar a los que ella
denomina ?treinta tipos de terrores tóxicos?, entre los que incluye al
parlanchín, el chismoso, el cortante, la víctima sombría y condenada, el
apuñalador de dos caras, el bromista, el matón rencoroso y autoritario, y el
mentiroso. Todas son distintas formas de personalidades que coinciden en
intoxicar la vida ajena.
Otras versiones de individuos tóxicos, que podemos descubrir en nuestro
entorno, son el individuo entrometido, el fanático, el presumido, el
competidor, el maniático del control, el crítico acusador o el arrogante
sabelotodo.
A veces, la presencia de conflictos continuos, puede indicar que el ser
tóxico es uno mismo, en vez de los demás. Lo cual no cambia excesivamente
las cosas, porque el resultado es similar: un continuo malestar y
dificultades para relacionarnos.
En ese caso hay que reconocer el problema y dejar de amargar a los demás con
nuestros celos más o menos encubiertos. La clave, como siempre, es la
comunicación: con uno mismo, para descubrir la verdadera raíz de nuestro
comportamiento, y con los demás, para dejar de hacerles la vida imposible.
María Jesús Ribas
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