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Sitio Web del AutorAutor Rosana
Inés era una chica normal y corriente que tras un afortundo accidente su vida se trasformó por completo, trabajaba en un bar de la ciudad desde hacía ocho años como camarera, no tenía problemas, ni preocupaciones, simplemente vivía la vida y esperaba que algún día todo fuese perfecto como soñó una vez. Esa noche iba cansada de trabajar, había esperado con su jefe durante un buen tiempo a que los noctámbulos dejasen la delicada terraza ahora refrescada por el aire mañanero, eran las cuatro de la mañana, habían terminado todo, solo esperaban que se alzasen de sus asientos y los dejasen descansar. Joseve su jefe esaba tan desesperado como ella, ya habían hablado de todo cuanto hablaban siempre, pero sus conocidos clientes de todos los veranos no se lebantaban de la silla ni aún sintiendo como sus sudadas camisetas se secaban por la brisa del mar de olor a salitre que los rodeaba como una túnica ivisible que los envolvía en aromas salinos y marinos. Pronto Joseve apagó las luces de la terraza haciendo que todos se lebanrtasen de golpe, rapidamente recogieron las sillas, eran los únicos que estaba aúna biertos como generaciones pasadas. Uno recogía el toldo mientras el otro se dedicaba a esparcir la basura hasta un montículo donde lo recogía todo y al final en todo vaciaban las papeleras y se encaminaban a sendos coches saludando con las luces como acostumbraban hacer.
Era noche cerrada y Inés estaba tan cansada que no dejaba de abrir o cerrar los ojos de vez en cuanto, dejandoe scapar algúnalarmante bostezo que desencajaba cada forma de su cara; peligrando así su propia vida, mas iba tranquila, pero conservando aún sobre su espalda delicada el peso de las horas que había hecho de mas esa tarde. De repente un coche blanco se cruzó con ella; Inés iba bien por su carril pero el coche a una velocidad poco aconsejada; se acercaba bruscamente hacia ella, giró el volante bruscamente y no vio el quitamiedos, rasgó parte de la pintura de su parachoques y se fue a cruzar con un montículo de tierra que llevaba allí desde el invierno. Como no estorbaba, lo dejaron estar. En unos segundos su vida entera pasó por sus ojos pero pudo llegar a su casa tras aguantar dos horas a que viniese la grúa y otras tantas a que el taller abriese y le dejasen un coche como mandaba el seguro que poseía, pronto llegó al piso comprado hace unos cuatro años y se tumbó en la cama casi sin poder creerse que estuviese viva. Cerró los ojos y vio en su porpia mente todo cuanto había pasado desde el accidente, no era capaz de dormir, pero definitivamente el seguimiento de las imágenes la sedaron.
La mañana la deslumbró con una imágen un tanto estraña en la mesilla donde había acomodado el ordenador, con la impresora y parte de los documentos que todos los días manejaba sin saber por que; una carta abierta la sorprendió; no conocía la letra, no había ni nombre ni dirección; sorprendida y molesta a su vez la abrió y leyó. "Querida amiga...espero no importunarte con esta carta...pero lamento el haberte dejado sin el coche, no sabes cuanto me ha molestado no poder frenar el coche...hubiese deseado en ese mismo momento frenarlo con los pies...mas el coche no respondía....quisiera hablar contigo...y asegurarme de que los gastos de la arregladura del mismo corran a mi cuenta...lamento también el haberme adentrado en su propia casa sin permiso..pero la seguí..como me ha ignorado durante todo el trayecto...iba detrás suya..pero creo que estaba demasiado cansada....espero que me responda....puede dejar el sobre en su buzón....por la mañana bajaré y recogeré la carta...siento mucho el haber entrado en su casa de esta forma...se estará preguntando por que...pero poseo las llaves maestras de todo el vecindario...agreadecido por leer la carta y no enojarse como espero que esté enojada..." leía para si Inés sin dar crédito a sus ojos, molesta y agradecida a la vez se paseó por toda la casa casi sin pdoer estarse quieta, giró la vista hacia el enorme reloj de pared que tenía en el comedor y vio la hora; disponía de una hora escasa para encamianrse al trabajo y comer en casa de su madre, la mayoría de las veces comía un bocadillo en el bar mientras trabajaba como todos sus compañeros. Asi recogió sus cosas y se encaminó hacia el garaje casi olvidando donde estaba aparcado su coche prestado.
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