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Calzón roto

cubano62

Autor cubano62

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Publicado el 18/02/2008 | 201 Visitas | 4 Comentario(s)


            



CALZÓN ROTO

 

 

         La idea de volver a la adolescencia, qué significativo sería, recuerdo cuando a los quince fui a la escuela en el campo, un periodo  obligatorio del curso escolar en el cual debíamos trabajar en la agricultura. Estábamos cuarenta y cinco días en campamentos mixtos, hembras y varones... Puede parecer algo malo, pero en realidad, dada la soledad a tantas horas con el sexo opuesto, fuera de la vigilancia de los padres, ¡era de lo más emocionante!

  
         En la noche nos reuníamos para bailar, hacer cuentos, haciendo todo lo posible por estar muy cerca de la chica que nos interesaba; pero aumentaba la emoción  cuando, como en mi caso de adolescente criado en la ciudad, eran tres y no sabía cual de ellas nos quitaría la virginidad, que estábamos decididos a perder a toda costa. Entre el frío de las noches, los que aún no tenía compañía se hacían todo tipo de bromas de mal gusto, digamos que a la una de la mañana le vaciaran a un durmiente un tubo de pasta en la cara; ¡de madre!... Imaginen a esa hora tocar el agua fría.

  
         Pero así y todo, cada curso escolar, la historia se repetía y era como vivir una aventura… llevarte de paseo el caballo de un guajiro… En años anteriores, ahora que me asaltan vivencias y recuerdos, lo más vil y erótico que vi, fue a Pachuco, un amigo del aula, hacerle el amor a una vaca; sí, claro, vulgar y salvaje, pero Pachuco se veía muy feliz.

 

         Ya que voy a contar, lo diré todo, sin penas ni remordimientos; ese año había cambiado el mundo, yo era feliz, tenía tres enamoradas: Marcia, Margarita e Inés… Estaba en una racha tremenda y todo era porque decían que mis ojos hablaban, ¡qué detalle! Por más que me paraba frente a un espejo, nunca sentí una sola voz.

  
         Y  no me decidía entre ellas: Marcia… muy hermosa, pero decía cada tontera, cosas como: “Trigueño, hazme sufrir, no te peines, pareces un diablo y me encanta tu infierno”, ¡que bárbara y que manera de piropearme! Lo cierto es que eso me desencantaba un poco.

  
         Margarita, con su rostro angelical, me decía: “Quiero tus besos”; pero me le acercaba y se ponía roja como un tomatico, llegué a asustarme pensando que le pasara algo si ahondábamos más la relación… ¡parecía tan inocente!


         También Inés me atraía, pero menos que las otras dos, tenía un defecto al caminar, sin embargo y aunque de pocas palabras, era muy segura de sí misma; lo que le faltaba de perfección física le sobraba de atrevida y zalamera.

  
         Y así, la noche más fría y de lluvia que yo recuerde, Inés y yo, fuimos a una casa de tabaco. Mi primera vez… yo tenía mis manos heladas y un miedo horrible, ella… muy serena, como si fuera algo común, más común para ella de lo que yo esperaba.

  
         El sitio se encontraba muy oscuro, tenía una cajetilla de cerillas húmedas, pero tras muchos intentos, no logré encender una, ella me comentaba: “¿Para qué la luz?, no hace falta”. Y sí, me beneficiaba, si lo han de saber: llevaba puesto mi mejor calzón, aquel que apenas tenía dos agujeros.

  
       Me apretaba las manos y me decía: “Estás frío, nervioso” y yo, reproduciendo voz de hombre, le comentaba: “No, todo es muy normal”.  

 

         ¡Si supiera que era mi primera vez! Aun ahora me reprocho mis dudas, ahí entre la negrura me preguntaba, ¿en dónde estará el lugar exacto e íntimo de ella?, si abajo o arriba, horizontal o vertical, no era como ahora donde todo lo explican en las clases de primaria. Pero para qué preocuparme, si yo venía en línea recta el sitio aparecería por su cuenta.

  
         Y llegó la hora, la chica se abalanzó sobre mí y comenzó a besarme con furia. Logró llevarme al suelo cubierto de hojas de tabaco y con fuerza inesperada consiguió inmovilizarme. Sorprendido, le pedí a Dios que no me hiciera quedar mal, si no, al otro día no hubiera podido dar la cara a mis amigos. Pero lo milagroso sucedió, lo espontáneo fue pasando, con ella llevando la iniciativa, ya no era virgen, solo santo fuera de lugar.

  
         Todo trascurrió muy bien… solo que al otro día, ya quería probar con Margarita y después con Marcia. Definitivamente, era un pecador…


Comentarios

ROSA80

ROSA80

19/02/2008

# 1

Todos queremos el regreso a la inocencia, lo de la vaca esta fuerte me gusto.

Nelsonlee

Nelsonlee

27/03/2008

# 2

Ser inocente y pecador, fantastico.

cubano62

cubano62

04/04/2008

# 3

Gracias al colectivo, por leerme no se el motivo de mis puntos, considero a muchos mejor que yo…intento expresar lo que siento y de vivencias sobre gente, que deben estar presente de alguna manera, los felicito a todos, saludos y abrazos a Pedro.

amandaclavel

amandaclavel

11/04/2008

# 4

INES es la triunfadora, y la vaca fue violada...jajaja

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