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Enviar un mensaje privado Autor amcafe
Hacía varios días que no veía a mi amigo Federico, el magistrado jubilado. Acudía al parque en el que solía sentarse para disfrutar del sol primaveral y para leer el periódico todos los días, sin excepción, siempre que no lloviese, claro, y su ausencia me indicaba que quizá estuviese enfermo. No podía interesarme por él porque desconocía dónde vivía y no nos habíamos intercambiado los teléfonos. Echaba de menos su conversación amena, muy interesante y sobre todo muy culta, pues Federico es una persona que ha leído mucho y sigue haciéndolo en la actualidad. Cuando volví a verlo en una radiante mañana de primavera me explicó que había marchado a Salamanca para visitar a una hija que residía allí. Lo encontré como siempre dicharachero, y muy alegre, estaba entusiasmado con su último nieto, que había nacido el año anterior.
-Estoy fascinado ahora con el tema del nazismo, cómo fue posible que irrumpiese en un país civilizado, cuna de la cultura europea –me contaba Federico muy apesadumbrado-. El país de los grandes compositores musicales, de los grandes pensadores metafísicos, de los grandes científicos, cómo es posible que adoptase una ideología tan destructiva, tan agresiva, tan guerrera, es increíble.
-En abstracto, en sí mismo considerado, no tiene explicación, pero si apelamos a la historia, hay que ver lo que estaba ocurriendo en Alemania, la constitución de Weimar no pudo consolidarse, existía una inflación galopante, el paro era monstruoso y existía además el peligro bolchevique. Todas esas circunstancias propiciaron la aparición de un régimen que se planteaba como nacionalista, y el nacionalismo estaba en efervescencia en Alemania en aquella época…
-Pero el nazismo mostró sus garras enseguida con programas de eugenesia, con la persecución a los judíos, con una ideología plenamente pagana, cómo no chocaron todas esas circunstancias a la población, cómo las fuerzas rectoras de la sociedad no se opusieron con todas sus fuerzas…
-Sí hubo resistencia, Federico, pero fue aniquilada, quizá porque careció de la necesaria fuerza, y sobre todo tuvo el apoyo fervoroso del ejército y de las grandes finanzas.
-Efectivamente, ahí quería llegar, a las grandes finanzas, a las grandes corporaciones les vino de maravilla un régimen que pusiera en vereda a la izquierda, aniquilase a los revolucionarios comunistas y a la poderosa izquierda socialista, y pusiera en marcha proyectos y reglamentaciones que favorecían sus intereses, y por eso lo apoyaron de forma fervorosa, invocando supuestos deberes patrióticos. Además los planes militaristas de expansión les venían de perilla, pues los cañones necesitan mucho acero, y en general el ejército necesita detrás una poderosa industria que suministre aviones, tanques, barcos, fusiles, ametralladoras y toda la restante parafernalia militar.
-Sí, Federico, en este punto, los intereses de los militares y de los capitalistas coincidieron al cien por cien. La política agresiva militar necesitaba grandes inversiones en la industria y el régimen prometía, bajo la capa del nacionalismo más agresivo, una política de expansión territorial muy del agrado de los militares.
-En efecto, los militares conciben en sus Estados Mayores grandes planes militares que deben dormir el sueño de los justos por los siglos de los siglos, pero el nazismo les proporcionó la oportunidad de llevar a la práctica, a la realidad aquellos planes que nunca debieron salir de sus despachos. Las campañas militares que llevaron a cabo los nazis, sus brillantes victorias en las guerras-relámpago estaban ya diseñadas con milimétrica precisión en los documentos secretos de los despachos militares, y por eso los militares apoyaron con tan gran entusiasmo a los nazis, porque éstos les proporcionaron la oportunidad de llevar a la realidad sus fantasías más fantasiosas, que ocasionaron nada menos que millones de muertos. Además a los militares, sobre todo en el pasado, suelen gustarles los regímenes dictatoriales que prometen orden, prosperidad, disciplina, jerarquía y que están basados en ideas muy simples, machaconamente repetidas. La mente militar no suele estar entrenada para las sutilizas y complejidades de la realidad, y suele fijarse de forma admirativa en aquellos sistemas políticos que prometen orden y tradición.
-De todas formas, Federico, Hitler no engañó a nadie, en su libro “Mi lucha” ya hablaba del espacio vital y de la necesidad germánica de expansionarse hacia el este, a costa de polacos, rusos y otros pueblos considerados inferiores. Sus ideas estaban ya muy claras, y los que le apoyaron de forma tan entusiasta omitieron los aspectos más tenebrosos de su régimen.
-Los capitalistas también habían leído el libro, pero miraron hacia otro lado, el régimen les proporcionaba poder, beneficios, encumbramiento social, defensa de sus intereses corporativos –Federico me miraba con intensidad y me daba la impresión de que no entendía del todo lo que había pasado en Alemania durante aquellos años y estaba alucinado por el apoyo ciego de los capitalistas-. El régimen también les garantizaba el disfrute tranquilo de sus propiedades, la amenaza comunista, espartaquista había desaparecido, el país parecía que volvía a funcionar, los fantasmas del paro y de la miseria estaban desapareciendo, y por eso hay que ser comprensivos, por eso apoyaron a los nazis, pero aun así, su apoyo fue demasiado entusiasta, hubiese podido ser más discreto, más crítico. También los militares lo apoyaron sin críticas, mirando para otro lado en el asunto de los aspectos tenebrosos del nazismo, todo en nombre de un patriotismo que nunca puede ser un argumento que justifique la comisión de atrocidades.
-Está claro, Federico, que hasta cierto punto resulta lógico y comprensivo el apoyo que se prestó al régimen nazi, y se puede entender por diversas razones históricas y por el auge del nacionalismo alemán que parecía que lo dominaba todo, pero hay una cuestión que sí me resulta completamente incomprensible, el exterminio de los judíos, realizado de forma tan sistemática, organizativa, con criterios científicos.
-Y lo más extraño es que dicho esfuerzo de eliminación iba en contra de los intereses alemanes de no desperdiciar esfuerzos para la causa bélica –me indicó Federico, mientras me miraba intensamente, como recabando toda mi atención-. Resulta inaudito que una nación civilizada en el siglo XX iniciase una acción de aniquilación sistemática de toda una raza.
-Efectivamente, no puedo explicarme el odio que inspiraban los judíos, que eran responsables no sólo de los intentos revolucionarios de los comunistas, sino de los abusos de los capitalistas, eran capitalistas y revolucionarios al mismo tiempo, lo cual es contradictorio. Por lo visto eran culpables de todos los males de la sociedad.
-Es claro, todos los regímenes totalitarios y dictatoriales han buscado un enemigo interno al que achacar todos los males de la sociedad, y convertirlo en blanco del odio colectivo, con el lenguaje subliminal de que eliminándolo desaparecerían todas las disfunciones de la sociedad, todos los males de la misma. Tal acción también sirve para cohesionar al grupo nacional, al contraponerlo con el enemigo interior, cuanto más grande e importante es, tanto más se cohesiona la sociedad, se trata de una relación dialéctica muy interesante.
Federico se quedó callado, mirando a lo lejos como si quisiese vislumbrar alguna perspectiva nueva en relación con lo que estábamos comentando. Yo, por mi parte, me quedé pensando…, entendía el apoyo que se le prestó al partido nazi por parte de los poderes fácticos de la sociedad alemana, en virtud del resultado de la primera guerra mundial y de los acontecimientos posteriores con todos los problemas que aparecieron después de paro, inflación, disturbios sociales, posibilidad de la implantación de un régimen bolchevique, inestabilidad social en definitiva. El partido nazi prometía la restauración de los valores tradicionales tan queridos para las fuerzas conservadoras y prometía la satisfacción de las ansias nacionalistas, lo que explica perfectamente su éxito en la implantación de su ideario, con la eliminación de todos los adversarios políticos y de toda posibilidad de oposición interna. Pero lo que no me cabe en la cabeza es el por qué del tremendo odio de la sociedad alemana hacia los judíos, que posibilitó que los delirios nazis se convirtiesen en realidad. Cómo una sociedad supuestamente civilizada permitió la eliminación de tantos millones de personas es algo que es inaudito, inconcebible.
-El pasado es ya pasado, es inamovible, si me permites la perogrullada, Federico, lo que me preocupa es si en el futuro podría ocurrir algo semejante a lo que pasó en Alemania en los años 30 y 40 en cualquier otro lugar del mundo.
-Me parece imposible, las circunstancias son distintas, más bien oteo la aparición de nuevas amenazas, de tipo diferente por completo, relacionadas con el medio ambiente, con su deterioro, y con la seguridad colectiva por la proliferación de amenazas terroristas. Creo que caminamos hacia un mundo cada vez más complicado, mucho más complicado que el actual, con amenazas muy sofisticadas. Volviendo al nazismo, lo que más me impresiona es que tenía en su interior dos perversiones muy destacables, por un lado la diabólica idea de aniquilar a los judíos, con la famosa solución final, y por otro que en su interior mantenía una lógica guerrera, que obedecía a la supuesta necesidad del espacio vital, que incluía la invasión de naciones para su incorporación al imperio alemán. De todas formas hay que reconocer que el régimen nazi se engloba bajo el fenómeno fascista. Los fascismos eran muy agresivos, también Italia invadió Etiopía y en España el fascismo falangista preconizaba el imperio, con la famosa frase por el imperio hacia Dios.
Federico se calló, y los dos nos quedamos pensativos sin saber qué decirnos. Nos despedimos y nos dijimos adiós. La tarde había sido muy fructífera.
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