Sólo existe un pensamiento en mi mente,
un demasiado tarde,
demasiado lejos,
dos palabras que demoraron tantos años en recorrer su camino,
dos palabras que volaron a lo lejos, que jugaron con el tiempo,
que trataron de ubicarte, encontrar la manera de llegar a ti
pero que finalmente llegaron tarde
¿Es tristeza todo aquello que ahora me rodea?
¿Es un perenne adiós?
¿Una promesa inconclusa, un sueño -una vez más- perdido?
Es un pensamiento tardío, un pensamiento inútil
Un pensamiento que tardó una eternidad en crecer,
pero cuya vida no duró más que un instante.
Quisiera perderme en tus ojos,
caminar tu camino, a tu lado, para siempre.
Recorrer contigo cada destino que recorras,
sólo... estar ahí, contigo
Indecisión, miedo, temor, odio, peligro
tristeza, dolor... soledad.
Estás ahí, es cierto, pero a veces no lo estás,
y te deslizas a mi lado, como un sueño,
como un pétalo de una delicada flor
que vuela sobre el viento,
a lo lejos...
Tocas mi brazo, corres por mis dedos,
y te despides como una idea perdida,
un último adiós, tu rostro en el cielo,
y las dos palabras volando a mi alrededor.
Quise decirlo tantas veces, de tantas maneras y de tantas formas,
contártelo al oído, decirlo francamente,
y de nuevo, ahí yo, pared tras pared que me evitaba llegar a ti.
¿Está todo perdido? ¿Es justo acaso contigo decir aquellas dos palabras que,
desde aquella vez donde mi mirada buscó la tuya,
nacieron en mi alma?
no existe palabra exacta que pueda decir todo aquello que siento por ti,
no existe manera alguna de que pueda mostrártelo,
no existe forma correcta de decirlo,
pero entiendo ahora que nunca lo habrá.
Tienes un camino a tus pies,
una promesa de felicidad,
pero las palabras surgen en mí,
corren, me dejan,
y necesitan llegar a ti.
Te estaré esperando,
al lado de aquel árbol,
viendo transcurrir cada segundo, minuto, año, mes,
añorando tu presencia,
buscando tu mirada,
sintiendo tu cabello deslizarse una vez más por mis dedos,
sumido en aquellos momentos que nunca hemos vividos,
una promesa de todo aquello que podemos vivir.
Te amo, y no puedo negarlo más,
como un cuento perdido,
siguiendo el rastro de aquellas -éstas- palabras,
aquel camino que me lleve alguna vez a ti,
a tus ojos, tus labios, tu rostro,
buscando aquel camino
que me lleve a tu mirada, a tu ser,
y que finalice entonces el prólogo
de aquella que sea,
una historia que te conté alguna vez,
antes del anochecer,
mientras veíamos crecer las casas a lo lejos,
y el tiempo se detenía unos instantes,
sólo para nosotros.
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