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Enviar un mensaje privado Autor fernandoj
Un profundo dolor invadió mi alma, nubló mi mente, doblegó mi cuerpo, fundió de sufrimiento mis entrañas, agotó mis fuerzas. Tirado en mitad de las escaleras lloraba en silencio la muerte de mi padre, recordaba cuando jugábamos al balón, cuando me enseñó a montar en bicicleta, sus risas en las noches de navidad, o cuando nos disfrazábamos en las fiestas del pueblo.
Las sirenas me despertaron del letargo, con dificultad pude levantarme, apenas podía diferenciar unas sombras que se movían como a cámara lenta. Unas manos recias me dieron la vuelta, atándome las manos a la espalda, mientras me recitaban una letanía que no fui capaz de entender, pero que me resultaba tremendamente familiar. Seguidamente me levantaron en volandas y me llevaron hasta un coche, una vez en su interior, pude ver, por última vez, el portal de aquella casa.
Con la misma velocidad con la que el vehículo se alejaba de mi calle, mis recuerdos se fueron transformando, ahora sólo podía visualizar gritos, peleas, puñetazos o los sempiternos ojos amoratados de mi madre. El dolor cesó y su espacio lo ocupó el odio.
Hoy cumplía 22 años, tras la cena y la tarta de rigor, mi padre me regaló las llaves de un bonito descapotable, mi madre apenas podía dejar de llorar, ni tan siquiera se pudo quitar las malditas gafas de sol, que sin duda ocultaban algún “recuerdo” de su marido. No pude soportar el pensar que, mientras conmigo se hacía el padre ideal, con ella volcaba toda su rabia, su lado más animal, ella era en definitiva el armario de los golpes, y yo, el objeto de todos sus mimos y caricias.
Salimos al jardín para ver el coche, tras sentarme un momento en el puesto de conducción, salí e invité a mi padre a sentarse al volante. Mientras él hacía bromas respecto a lo que las chicas opinarían al verme con el nuevo juguete, yo abrí el maletero, y tras no pocos esfuerzos, encontré el compartimento de las herramientas, saqué el gato y sin mediar palabra se lo incrusté en la cabeza, ante los atónitos ojos de mi madre.
Mi sorpresa fue superlativa al ver que ella huía aterrorizada, chillando desesperadamente, desconcertado me senté en las escaleras del porche y me quedé observando la imagen de la cabeza de mi padre, que inanimada, chorreaba sangre por la portezuela del deportivo.
Si les soy sincero no sabría decirles si habían pasado dos meses, cinco días o tan sólo unas horas, hasta que volví a ver el rostro angelical de mi madre, ella, visiblemente demacrada, acercó sus manos al cristal blindado que nos separaba. La dije que lo había hecho por ella, para que dejara de sufrir, para que fuera libre, sin embargo de sus labios no salió ni una sola palabra, tan sólo lágrimas que escurrían por debajo de unas oscuras gafas de sol.
La luz del sol resplandecía en las blancas paredes de la celda, tanto que casi no podía abrir los ojos. Una sensación de calma invadió mi mente, me situé en el centro de la habitación, abrí los brazos y comencé a girar lentamente sobre mi mismo, mis pensamientos volaban libremente. Pude ver a mi madre riendo, besándome, a mi padre abrazando a mi madre, la felicidad rezumaba por todos los poros de mi piel. De pronto la oscuridad se hizo en mi cabeza, era yo, yo pegando a mi madre, yo descargando mi ira sobre ella, rompiéndole sus labios de miel, amoratando sus mejillas de muñeca, hinchando sus ojos de color, de color, ¿de qué color tenía los ojos?, no lo recuerdo. Por fin vuelve la luz, ella llora, mi padre le pregunta, ella no contesta, tan sólo unas lágrimas por debajo de sus oscuras gafas de sol, mi padre me abraza, yo sonrío, él besa a mi madre, mi sonrisa desaparece de mi cara y pienso “algún día pagarás, cabrón, algún día”.
Texto conmovedor y ufff.... Felicidades Fernando.
Acabo de "aterrizar" por aquí, me da gusto y grata sorpresa ver caras conocidas. Bezzotes
Tu firma inconfundible Fer....
Haznos textos mas cortos y seremos felices. (con respeto y cariñño)
Suerte
Otra sorpresa grata que me encuentro recien llegado a esta página. En realidad, sorpresa por partida doble, además de contar con tu presencia descubro que hay muchos relatos tuyos desconocidos para mi.
Pasando a este relato que comento, aplaudo tu arte para pintar unos cuadros deprimentes y angustiosos, y en este caso, el haber logrado un buen broche final...
Buena psicología aplicada al relato y como he dicho buen mazazo final.
Cuídate, un saludo.
Elamigo.-
Tienes mucha razón, el texto es algo largo, normalmente suelen ser más breves, intentaré acortarlos en la medida de lo posible.
Gracias por el consejo.
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