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Aprendizaje
Un día aprendes a ahogar tus penas en soledad, a sentir asco
de ti mismo, cuando estás triste. Asumes, la responsabilidad de tus actos y ves
desde fuera lo patético que es quejarse por nada. Lo ves a base de oír a otras
personas quejarse hasta el punto, de que sus miserias te pueden llegar a hacer
reír. Dejas de llamar a nadie cuando te sientes mal, porque sabes lo molesta
que es una persona así. O te das cuenta, de que casi nadie tiene tiempo, pues
tiene su vida bien solucionada, al menos en apariencia. Descubres también, como
cada vez te preocupan menos las personas de tu alrededor pues se han ido
ganando su destino.
Aprendes a sonreír a las personas que más desprecias, por una mera cuestión de
supervivencia social. Descubres la cantidad de cosas que puedes conseguir, no
haciendo ver a la gente lo que realmente piensas. Asumes, lo poco útil que es
ser completamente consecuente con unos principios. Te vas volviendo más pasivo
e indiferente a todo. Dejas de creer en cualquier ideal, pues ves viciadas a
todas las personas que los defienden.
Un día, descubres que tu familia ha quebrantado tu espíritu y la obedeces en
las cosas más triviales, sin plantearte ya nada. Sabes que ellos siempre ganan
y que lo mejor es agachar la cabeza y obedecer ciegamente para poder conseguir
algo en esta vida.
Otro día asumes, que sólo despreciando a las mujeres que has amado, puedes
olvidarlas un poco. Si intentas entenderlas, justificarlas, defenderlas o
recordarlas con cariño, vuelves a la obsesión y a la amargura, pues resurge la
duda y el anhelo.
Cada día ves, como toda muestra de cariño es sólo fruto de la amistad o de la
necesidad, pero nunca del amor. Aprendes a ser indiferente a todo lo que te
pudiera hacer creer que amas o eres amado. Ves como todo tu cariño y
comprensión han caído en saco roto, cuando cualquier otro se lleva a la mujer
que amabas, con sólo guardar unas apariencias. Otras veces, te das cuenta, de
que no tenías nada mejor que ofrecer. Vuelves a ver, que ellos siempre ganan…
Luego sientes náuseas al ver que tienes que escuchar durante horas algo que era
tan previsible y absurdo. Pero no puedes evitar conmoverte al ver sufrir a la
persona que aprecias o quieres.
Descubres, que no quieres estar con nadie, que la soledad es un tesoro. Sientes
asco al ver relaciones de mentira. Sientes agobio al estar más de unas horas
con ninguna persona.
Sientes el poder de la monotonía y por ello buscas estar siempre con gente
distinta cada vez, pues ya no hay amistad que perdure sin rencores.
Un día ves, que pasen los años que pasen, no eres nunca capaz de olvidar y
excepcionalmente puedes perdonar. Pero ese recuerdo sigue y persiste, porque
descubres, que las personas no cambian y que sólo te estás arriesgando otra
vez.
Vas viendo, como nada te divierte, como persigues terminar una carrera o
aprender un oficio, porque es lo que la sociedad exige, lo que la productividad
exige.
Aprendes a no aprender, a que el conocimiento casi siempre vicia tu consecución
de objetivos. Descubres que las personas que realmente entienden un tema, no
son capaces de demostrarlo según lo exigido.
Con el tiempo descubres, cuantas personas has enterrado en tu vida para
intentar seguir con la tuya. A cuantos has abandonado y cuantos han hecho lo
mismo contigo.
Aprendes a mentirte a ti mismo y decirte que es culpa de la otra persona o que
nunca tienes tiempo. Tu indiferencia les hiere pero no te importa, y la de
ellos también te hiere, pero en el fondo sabes que te la has buscado.
Mañana descubres, que ya no vale la pena vivir, que ya nada te motiva. Que todo
y todos te cansan. Que para las personas que ahora te consideran importante,
mañana les serás indiferente.
Empiezas a pensar en todo ese tiempo que has sacrificado en desconocidos a los
que luego no has vuelto a ver. Todas esas horas, que podrías haber dedicado a
ser más feliz. Piensas en cambio, en las personas a las que has abandonado por
un propósito meramente egoísta.
Un día te ves, como una persona secundaria en la vida de los demás, e incluso
en la tuya propia. Asumes que desviviéndote por alguien, sólo conseguirás
destruirte un poco más.
Un día descubres, que la amistad sólo existe hasta que choca con algún interés.
Que todo es conveniencia y supervivencia.
Un día, te encuentras llorando en soledad, negándote a
salir, a llamar, a asumir todo lo anterior. Lloras porque aún estás vivo y
deseas morir, o porque aún no han quebrantado del todo tu espíritu y sigues
deseando amar.
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