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Enviar un mensaje privado Autor misándrica19
Se nos va un año cargadito de experiencias, de momentos dolorosos y otros llenos de risas. De pegarse la ostia y levantarse y sobre todo de CRECER. Más allá de lo apócrifo que se esconde en mi tablón anterior para darle la bienvenida al nuevo año, supongo que todavía se esconden por ahí pequeños resquicios de esperanza, y no solo de vida por mucho que se empeñen en decir que nuestra esperanza de vida tiene su tope a los 84. ¿Pero realmente alguien es capaz de ponerle límite a nuestras ganas de soñar? Sinceramente, no entiendo porqué nos ponen cuentakilómetros y fecha de caducidad. Si no, fijaros en mi mejor amiga, A. es la chica más cargada de sueños que conozco, tan solo le faltan alas en sus zapatillas para volar. Princesa de su castillo de naipes de cristal, guarda bajo llave unas cuantas decepciones que le dio la vida a corto plazo. De vez en cuando piensa que se equivoca, que mete la pata, pero ¿Quién no lo hace? De sabios es equivocarse y rectificar. Busca lo que todas queremos y es que de querer va la cosa, querer y ser querida. ¿Quién da más? Se pasaría el día regalando sonrisas, preocupándose de los más pequeños y intentando no caer en las zarpas de algún cordero con piel de lobo que la intenta enamorar. Enamorar, amar, querer… ¿os dais cuenta? al final casi todo lo relacionado con el amor no va más allá de la primera y la segunda conjugación. Y al final ¿con que nos quedamos? Amar como principio de la palabra amargura, pequeño masoquismo escondido en un juego de cruce de miradas, ahí, donde todo empieza. Muchas veces dura y tanto que dura. Sin ir más lejos, tenemos a Ag. y C. me dieron el regalo más grande, la vida y una hermana, P. a la quiero más que a mi vida. Y ahí los tenéis, juntos a pesar de quilómetros y quilómetros de distancia ahí siguen, un amor como el suyo no sabe de fronteras, es capaz de cruzar océanos y romper cualquier telón de acero que se ponga por delante. Y si hablar de soñadores va la cosa tenemos a L. Pelirroja de bote, alocada y capaz de mantener una conversación usando como único idioma la carcajada, un tanto torpe, todo hay que decirlo pues por naturaleza parece que nació con dos pies izquierdos, pero en nuestra pequeña familia la queremos igual, es más sin ella las noches pasan de lúdicas a coñazo en un santiamén. Si hay que hablar de gente alocada no nos podemos olvidar de mis parejas favoritas por excelencia, L&N y E&F, lo siento chicos pero ya sabéis, las damas primero. Sobra decir que sin vosotros tampoco sería lo mismo, sobre todo con mi nuevo invento del duro, al parecer nos falta mesas y chupitos en cada sitio al que vamos. Si continuamos con este círculo vicioso, no podría continuar sin hablar de ÉL. No voy a mentir, ni al lector ni a mi misma haciendo creer que antes de ÉL no hubo otros, porque los hubo. Pero si mentiría si negara hoy que me devolvió las ganas de volver a querer, de confiar en alguien del sexo opuesto, y de querer tirarme a la piscina sin saber si está vacía o a medio llenar aunque (al día de hoy sumándole otros treinta y uno, cerraré sentencia si no hayo respuesta). Puede que las cosas no vayan tan bien como quisiéramos, y es más puede que la noche del 31 de diciembre no nos traiga demasiados buenos recuerdos a ninguno de los dos (por mucho que no le interesen las fechas), pero tengo que reconocer que volvió a mi vida como un viento huracanado poniendo mi mundo patas arriba. Nunca pensé que después de I. alguien fuese capaz de revolucionar mi vida de esta manera. Y si se trata de darle a mi mundo un giro de 360 grados, no nos podemos olvidar de A.F. una persona capaz de hacerme crear un mundo paralelo al que volver a casa por Navidad y quién dice Navidad dice San Mateo o otras festividades. Siguiendo en esa línea tenemos a L.R, mi garrapata la que está ahí en los buenos y los malos momentos. Si tenemos que hablar de más cambios pero un tanto más pequeños, está M. un enano que se mudo a Vigo para estar rodeado de portuguesas y sin el que mi pronunciación fonética de la palabra “friend” sería a día de hoy todavía incorrecta. Si nos ponemos a hablar de tierras viguesas no puedo olvidarme de mi Chuck Bass particular, A.V, capaz de despejar las ecuaciones de séptimo grado que inundan mi cabeza. Y para acabar, como bien sabéis, para poder crecer hace falta dar pasos y no hay mejor forma de aprender a darlos si no es al lado de ellas aunque sean unas enanas que no pasan de los 16 la mayoría.
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